JUAN CARLOS MAMANI MORALES, Putre 1961. Poeta, autor de cuentos y recopilador de leyendas andinas aymaras. Doctor de la UNAM (México), entre otros postgrados, actualmente (2025) es Académico de la Universidad de Tarapacá. Sus principales libros se publican en su sello Chiwanku Ediciones. Tiene un sitio web www.escritoresindigenas.cl con información actualizada y mas completa.

“AVES ERRANTES, AVES AUSENTES” (Rapsodas Fundacionales, Arica, Chile, 2006) / “OCARINA DEL FRÍO” (Chiwanku Ediciones, Arica, Chile, 2008) / “EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES” (Chiwanku Ediciones, Arica, Chile, 2015) / “NUEVA ANTOLOGÍA DE ESCRITORES AYMARAS” (Chiwanku Ediciones- Conadi, Chile, 2021) / “MARKAJANA JAWARINAKAPA. CUENTOS DE MI PUEBLO” (Fondart- Chiwanku Ediciones, Arica, Chile, 2007) / “AYMARA JAWARINAKA. RELATOS AYMARAS”. Editor y compilador (Conadi- Chiwanku Ediciones, Arica, Chile, 2017) / “CUENTOS DE PARINACOTA” (Chiwanku Ediciones, Arica, Chile, 2011) / “CUENTOS SOBRE EL TIWULA. ANTOLOGÍA SOBRE EL ZORRO AYMARA” (Chiwanku Ediciones, Arica, Chile, 2014). / “KURMI. HISTORIAS DE DOS NIÑOS PASTORES (Conadi- Chiwanku Ediciones, Arica, Chile, 2019) / “ANTOLOGÍA DE TRES ESCRITORES AYMARAS DE ARICA-PARINACOTA, CHILE” (Conadi- Chiwanku Ediciones, Arica, Chile, 2014)

Palabras sobre “AYMARA JAWARINAKA. RELATOS AYMARAS:

Hablar de los libros de Juan Carlos Mamani Morales es un placer, pero también un desafío. Uno puede hablar desde su calidad literaria y se puede referir a su libro “El Ocaso de los Dioses”, puede hablarse de su compromiso con la literatura regional y hablaría de su “Antologìa de Tres Escritores Aymaras… o puede hablar de su compromiso con su gente, y de eso vamos a hablar hoy, de “Aymara Jamarinaka”, su último libro, recién publicado.

Hace unos días atrás en esta misma biblioteca Mamani Morales recordaba las diferencias entre cuentos y leyendas. Y concordamos, como creo que concordamos todos los presentes en que cuento es lo que reconocemos en el decálogo de Quiroga, en los relatos de Chejov, en lo que, al decir de Julio Cortázar, en el box se reconoce como ganar por nock out (a diferencia de la novela que gana por puntos). Incluso en la definición de Vladimir Propp que habla de las funciones del cuento tradicional que se reiteran en diferentes culturas. Y leyendas, esos otros, textos que escapan a esta definición de cuento, son las que Juan carlos rescata, fija, y difunde.

Dicho lo anterior, estas leyendas recopiladas por Juan Carlos Mamani, incluso para un lector viejo como yo (viejo en edad, que en lecturas soy un niño, perdón debería decir una guagua de pecho), estas lecturas no dejan de sorprender: son frescas en su estructura, son ligeras en su lenguaje, huelen a te con hierba Luisa, sus personajes como recortados con tijeras en papel multicolor aparecen “de una pieza” claros, rotundos, sin matices (el cóndor le gana la apuesta al zorro, y se lo come).

Mamani nos descubre el mundo aymara a quienes no hablamos aymara, pero además deja, pone en nuestras manos un documento histórico en tanto rescata y fija un relato, un testimonio en tanto lo trascribe con su sensibilidad trabajada ya en sus publicaciones anteriores, (Mamani ha escrito poesía y esa es una escuela para quien se dedica a la prosa). Pero pondría el acento en que su libro es un “testimonio”, un testimonio del griego testus es decir cabeza, o tensura, o testuz. Y del latin, testimonial,  testimonius exactamente, es decir un tercero que aporta un nuevo elemento en un juicio entre dos, que da fe de un hecho como se diría actualmente.

Cuando me imagino a sus personajes, esos ratones por ejemplo tirados en el suelo riendo tengo que ir a mis primeras clases de literatura allá en los setenta. Esto no está en el Kayser, ni en el Wallek y Warren porque este tipo de relatos no obedece ni a las estructuras clásicas de Propp (con sus funciones), ni a la estructura actual y occidental del cuento, ni a las leyendas, degradaciones de mitos en el sentido de Cassirer o Levy Straus. Estamos leyendo relatos nuevos, de alguna manera vírgenes, por eso decía que leer a Mamani es también un desafío, sobretodo para docentes de lenguaje.

Ver, imaginarse a esos ratones jugando allí “esto es estar muerto” , y “ese es el cuento”, me muestra que hay otras historias, otras premuras y otros órdenes y disposiciones culturales tan cerca y tan lejos de nosotros. Me muestra que tenemos un acerbo cultural vivo acá no mas, atrás del Agro, en Putre o Socoroma sin ir mas lejos, y que debemos comenzar a pensarlo, a escribirlo los escritores, a comprenderlo en los colegios, a disfrutarlo en nuestras casas.

Y, por último, “Aymara Jamarinaka” es un libro que puede disfrutar un niño, un lector neófito, un docente, y un antropólogo. Por su fidelidad con la estructura literaria y con la lengua aymara, y en mi opinión, en mi personal opinión, porque fundamentalmente los relatos, sus relatos, huelen a te con yerba Luisa.

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