CARLOS MORALES FREDES. Pedro de Valdivia, 1951. Cuentista nato y prolífico también publica una novela. Sus obras destacadas son: “Malicia” (2005), “Ausenciando” (2008), “Crónicas de Aeropuerto” (2009, con una tercera edición el año 2019), “De Corin Tellado y otras Novelas de Bolsillo” novela de 2015, “Crónicas Urbanas” 2021, “El Resucitador en Serie” cuentos. Es columnista de diarios de Arica y del extranjero. Ha sido publicado en diversas antologías del país.  

EL ANGEL DE CARLOS MORALES FREDES.

En toda selección de cuentos hay algunos mejores que otros, esto es de perogrullo. Sin embargo no es de necedad decir que toda selección no tiene un ángel como el que tiene ésta de Carlos Morales Fredes. Un ángel que tocó algunas de sus frases, algunos de sus textos, a algunos de sus personajes.

Con estos textos Carlos Morales se inscribe como escritor con imágenes de habla mayor, porque de que otra forma referirse sino a quien pude describir esa mujer que reaparece “con su deambular de nave, y un manojo de flores por remo”; o a aquel otro que la ciudad de noche lo acogió de nuevo “tendiéndole la alfombra húmeda de sus aceras”; o esa niña que “el cabello era lluvia oscura, humedeciendo sus hombros claros”. Ese manojo de flores por remo la impulsa no solo a ella, lo impulsa y proyecta a él como escritor, impulso que en estricta justicia debe agradecer también a esos persistentes y afanosos Rapsodas Fundacionales.

En este compendio que lleva Morales Fredes desde ese treinta de febrero hay cuentos que poseen  memorable fuerza y si se me permite, enjundia. Y también imágenes como las que ya mencionaba. Es cierto que les falta la escritura final, esa que a veces se las da el editor, pero que quienes aman la profesión no se lo dejan a otros, como un padre no deja a un hijo. Hay cuentos breves pero densos, pesados como “El Columpio Inmóvil”. O mejor, “Quiben”, contrito y misterioso, pero cercano y lleno de afección. Memorables muchos: “Ecos del Silencio”, “Pato a la Carta”, “Tiempo Agregado” que necesitan mas corrección, reescritura, oficio de picapedrero que trabaja sobre el mejor mármol, sin embargo allí ya están, con vida, palpitando, en el aguardo del brillo que da el adjetivo preciso, la frase con ritmo, la mirada original, y que Morales Fredes seguro sabrá darles.

Ojalá veamos pronto en una antología, o premiado en un concurso “Quiben” o “El Columpio Inmóvil” dos textos que es un placer leer. Y luego un libro con una selección de sus cuentos, que la obra de Morales Fredes le otorga a nuestra región la distinción y la dignidad del mas noble trabajo; de aquel trabajo que no puede pagar el dinero.

RAPM. Coordinación Regional de Bibliotecas Públicas, DIBAM Arica

“CRONICAS URBANAS” Carlos Morales Fredes, xx pgs, Editorial Lusevo, 2019, Arica Chile

Carlos Morales Fredes es un cronista consagrado en nuestra región. El año 2014 recibía el premio al colaborador mas antiguo y constante del diario La Estrella de Arica y hoy su columna supera los diez años de publicaciones. Posee un estilo literario maduro, una mirada y una pluma apacible no carente de humor sosegado que parece no corresponder al “signo de los tiempos”. En un país en que el individualismo por sobre la solidaridad, el winner (o en castellano el “Pepe Cortisona”), el titular y el poder son los leiv motiv de nuestras vidas, Carlos Morales el cronista, transcurre caviloso por nuestro pasado reciente, por nuestras calles, bajo las estrellas (que) reverberan multiplicadas en el infinito, me quedo largo rato observándolas titilar, (nos dice) como telegrafiándonos atávicos mensajes sobre el comienzo de las cosas demostrando que ya encontró y perdónese el tecnicismo, un punto de hablada, es decir: el ángulo o la mirada en que la ternura, la emoción o el cariño, le caracteriza como cronista configurando así un estilo, un estilo que posee apostura suficiente para otorgarle elegancia y maestría a su lenguaje.

Pero “CRÓNICAS URBANAS” no es solo destacable por el estilo y humanismo de su autor, sino también porque al ser una re edición de crónicas nos obliga a referirnos a su lectura, o a sus lecturas y con ello a enfrentar una clásica disyuntiva: es mas fuerte el poder de evocación del libro?, o prima la interpretación personal?. Y la crónica, como género menor mas no por eso menos trascendente, tiene a diferencia de la obra de ficción, o de la historia, la cualidad de ser particularmente sensible a esta definición.

La crónica se refiere a lo público, a lo que nos es común, a lo compartido. Y de la misma forma es consustancial al tiempo, -su etimología alude a Cronos-, es decir al paso ya sea inmediato o distante de los hechos. “CRÓNICAS URBANAS” es un libro que recopila crónicas, ya publicadas, ya leídas por muchos de nosotros. El volver a re-leerlas, aunque en estricto rigor, y dado el carácter local y público podría argumentarse que es la tercera lectura del hecho (en que la primera sería “facta non verba”) nos remite a la pregunta ya expuesta: ¿leemos esta segunda vez, es decir interpretamos, recreamos, esta segunda vez de la misma manera que lo hicimos durante la primera lectura? (¿y en consecuencia leemos solo por el placer de leer, por el gusto de la remembranza bien dicha, bien escrita?). O hemos cambiado y nuestra opinión, nuestra interpretación sobre la descripción, narración o crónica ha variado?. Respuesta interesante porque la crónica, como género, va dejando constancia de hechos acaecidos que nos son comunes. Va configurando nuestra historia. 

En un libro de Alberto Manguel se lee una frase de un tal Fournival Rector de la Catedral de Amiens del año 1250 que introduce en esta disyuntiva. El francés plantea que el mérito de la pintura, o de escuchar un texto, es el de introducirte, de recrear en el tiempo y el espacio del lector o en quien escucha, aquello que se había concebido y creado en otra época, bajo otros cielos. Así, leer, enriquece el presente y actualiza el pasado. La memoria, prolonga esas cualidades en el futuro. Una vieja discusión, una sutileza quizás, opuesta a la tesis de que nunca leemos dos veces el mismo libro, nunca volvemos a abrir la misma página, nunca la luz de la lectura es exactamente la misma, cambiamos, olvidamos y transmutamos recuerdos que nos hacen reconstruir la historia que nace, que emana desde la página escrita. Ante tal disyuntiva “CRÓNICAS URBANAS” poseen la virtud de enfrentarnos directamente con nuestra reciente historia, sus textos, cada una de sus crónicas nos llevan a calles, personajes, ritos o lugares que fueron nuestros pero que para cada uno de nosotros poseen significados, valores particulares. Perpetuos o efímeros según opinión de cada lector.

El valor de la pregunta anterior también dice relación con el hecho de que leer esta última publicación de Morales Fredes no es el acto automático de decodificar y reconstruir significados, pues su pasado es también nuestro pasado, y leerle es re establecer relaciones, reconstruir, configurar lugares que nos fueron comunes y que la memoria desdeño, exacerbó o simplemente sumió en esa oscuridad del recuerdo ya no nombrado pero tampoco olvidado. Se esta forma el valor de este libro, de estas crónicas en especial, es esta potestad de traer a mención lo que nos es común y ya sea que reconstruye con estos pretéritos retazos, o ya sea que solo da pistas para que la suya, o la mía, sean una historia mas de las innúmeras que nos permite el recuerdo de un pasado compartido. Nuestro ethos expuesto en estas crónicas se prolonga uno e inmutable ya por el barniz del tiempo, o es múltiple y variado como las cambiantes lecturas de la realidad?. Pero sí hay una certeza: a este libro su estilo lo consagra, porque volver a leer a Carlos Morales, deja indudablemente el placer de la lectura, tanto o mas que el de la remembranza que en conjunto construirnos, aunque… ¿qué es lo que somos, sino nuestro pasado?

R Alejandro Pérez Miranda, CRBP SNPC Arica

“EL RESUCITADOR EN SERIE” O LA VIRTUD DE RE-ENCANTARNOS DE MORALES FREDES

Cuesta saber que es lo que tienen de bueno los cuentos de Morales Fredes. Y, por lo mismo, es que son buenos cuentos: hay variedad de tonos, de uso de personas, ironía, anécdotas variadas, personajes atractivos, y los errores, que los hay, son mínimos y no interfieren en hacer que su lectura sea un agrado. Ya “Malicia” (2005) y luego “Ausenciando” (2008), tenían cuentos que cualquier escritor de editorial famosa e ingreso en dólares  le envidiaría, personalmente creo “El Peor Amigo del Hombre” es un cuento de antología, como de su última obra lo es “La Ingravidez de las Sillas”.

La última publicación en serie de Rapsodas Fundacionales (18 libros en un formato similar pero con características propias a la vez) tiene muchos méritos, pero el ir consagrando a escritores  que ya habían publicado casi artesanalmente creo que es su mayor logro. Paradojalmente financiado por SENAMA, una publicación que por su envergadura, por su calidad, y por su aporte a la literatura regional debiera de haber sido financiada por un Fondart o por el Consejo Regional de la Cultura que tiene fondos para ello, o por el Departamento de Cultura del Municipio que también tiene fondo para ello; queda  el mérito al Servicio Nacional del Adulto Mayor de Arica, beneplácito y orgullo para su Director. Como anécdota corresponde decir que al lanzamiento de la publicación no asistió ninguna autoridad, pero quizás sea el mejor signo de la calidad de estas obras, de la cual “El Resucitador en Serie” de Morales Fredes es principal ejemplo, la buena literatura nunca ha convivido bien con la institucionalidad (excepción hecha con Maiakovsky,  la literatura policial cubana de los años 70, o Borges con las dictaduras).

Pareciera ser que el cuento, y el verso (a manera de ejemplo los de Morales Salazar o de Rojas Pachas entre muchos otros) son los géneros que mejor ilustran la calidad de nuestra literatura regional. “El Resucitador en Serie” es ejemplo de buena literatura. Morales maneja la técnica, tiene originalidad y sabe darle la distancia precisa al relato para transmitir al lector con certeza y claridad la sensación de ironía, cuando no de congoja, sorpresa o una franca sonrisa de agrado. Cuentos breves, bien trabajados, Morales ya tienen vuelo propio. Busque este libro, y léalo todos estos cuentos, como todos los cuentos de Morales Fredes tienen la virtud de re-encantarnos con la lectura, con la buena literatura, y motivarnos a seguir leyendo.

“EL RESUCITADOR EN SERIE” Carlos Morales Fredes, Colección Rapsodas Fundacionales, 40 Pags. Imprenta Krom, Arica. Son nueve cuentos y de ellos el primero “Dolor Referencial” es un cuento digno de antología, tanto el tema como la capacidad de síntesis y la presentación de la anécdota tienen la virtud y la maestría de dejar en el lector una historia inolvidable, referencial. Los demás son cuentos testimonios de una valiosa calidad literaria y así como Luis Seguel va confirmando su calidad de novelista, Carlos Morales avanza confirmando su calidad de cuentista y testimonio de ello es que este mes es publicado en la “Antología del Cuento Chileno II” junto a consagrados como Ramón Díaz Eterovic, Poli Délano, Pía Barros, Juan Pablo Sutherland y otros.

RAPM