CONNIE TAPIA MONROY, Santiago, 1980, escritora y editora de Cathartes Ediciones, activa agente literaria de Arica, organiza ferias, talleres y asociaciones de escritores. Ha publicado “Viviendo entre Sarracenos” (2018) y “Osario” Bolivia, (2018), “Canciones Diabólicas” (2021) “Mariposa Revolucionaria, poesía reunida” sobre Nana Gutiérrez (2023) entre otros. Sus trabajos relacionados con el género de terror han sido publicados en diversas antologías, y revistas.
CONNIE TAPIA MONROY, “Canciones Diabólicas” Editorial Cathartes, 2021 Arica. Impreso en gráfica LOM. 109 pgs. Dividido el libro en Lado A con siete relatos y Labo B con otros siete relatos remite a esos viejos discos larga duración de 6 o siete canciones por cada una de sus caras. Y no es gratuita la referencia si vemos dentro que los epígrafes corresponden a grupos musicales como Iron Maiden, Led Zeppelin en extraña relación con otros epígrafes de Gabriela Mistral, los Beatles y mas extraño aún con Teresa Wilms Montt cercana al movimiento obrero en el norte de Chile. Destacable del libro es la presencia de mujeres como personajes principales y protagonistas, o mas exactamente de agonistas, en la mayoría de los relatos aunque también como víctimas de los acontecimientos. También destacable la narración final que se ambienta en Arica lo que incluye el paisaje local en el escenario del inframundo construido por este estilo literario.
El libro de factura incuestionable se ve disminuido por siete dibujos a toda página mas semejantes a grabados que a aguatintas. La falda de volumen de ellos, la rigidez del trazo, la ausente sutileza de la composición junto a una admirable paciencia para la puntillosidad que no redime a la composición desgraciadamente tiñen a los relatos de estas características. Una buena ilustración, sino es de cuento infantil nunca va a sumar calidad al relato, por el contrario mas riesgo se corre de restar calidad por la asociación ques e produce entre ellos. No se puede decir lo mismo de las viñetas, troncos secos que ambientan y aportan a la composición de la hoja.
“Canciones Diabólicas” semejante al anterior libro de la autora no permite un encasillamiento en los clásicos formatos de cuento, novela, etc. Lo mas exacto o cercano a una caracterización sea quizás decir que son narraciones. Los personajes no llegan a construirse en toda su dimensión, de igual forma las anécdotas no cierran como el clásico cuento, estamos presentes en un contexto literario muy particular y no por ello menos conocido ni menos popular en un sector de nuestra sociedad. Son los gettos -no se si adjetivar como intelectuales- que producen y se adscriben a particulares lecturas, muy selectivas y parciales de una determinada producción artística. Desde un lejana y ligera remembranza de la literatura gótica inglesa (sus paisajes fundamentalmente) pasando por un pseudo aristócrata y racista Lovecraft que debe de sentir como le sangre brota por sus ojos cada vez que le citan en epígrafes, hasta rockeros de fines del siglo pasado. No son narraciones que se acerquen a temas como el terror con mas originalidad o perversión que aquellas que leían o contaban nuestros abuelos a nuestros padres: lobos que se comen abuelas y en acto seguido cazadores que los destripan, mujeres quemadas vivas en sus casas por querer comerse a dos niñitos huérfanos, la sobreexplotación y maltrato entre hermanastras, y tantas otras. Ni que cuenten historias mas espeluznantes (aunque se esfuerzan algunas) que las del asesino de Alto Hospicio que habita en la cárcel de la ciudad, o de los contaminados por plomo que cenicientos caminan en cerro chuño. El aporte, la originalidad y la valía de esta producción puede buscarse en su relación con el contexto social actual y quizás de lo menos que se les puede acusar es de enajenación, que publican prematuramente, sí, que son lecturas parciales e inexactas de escritores extemporáneos también, pero es innegable que son escritos que tienen sentido para un grupo de lectores, de público que convive con nosotros, que construye una identidad con la materialidad, guías, razonamientos y valores argumentativos que nosotros como sociedad construimos. O que dejamos construir encerrados, que en el fondo es lo mismo.
En ese contexto el innegable valor ya no de la autora, sino de la escritora Connie Tapia Monroy se lo ha construido sobre la base de un trabajo que merece respeto, admiración y agradecimiento. Ella como autora de esta literatura ha realizado talleres, apoya a otros escritores, es una asidua activista de la biblioteca pública central de Arica, corrige textos. aconseja, sugiere, convoca, y lo principal: crea lectores. Y sobre la base estos antecedentes tan valiosos como el de un memorable y meritorio escrito, Connie Tapia es autora de la que nuestra ciudad debe estar orgullosa.
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