JOSEFA TELLO ALFARO, Arica, 2001, Autora de una novela, actualmente estudia en Santiago Bibliotecología. Gran lectora con un marcado gusto por la ciencia ficción escribe a los 14 años “La Escasez del Chocolate” con éxito en nuestra región.

“LA ESCASEZ DEL CHOCOLATE”, Josefa Tello Alfaro, Editorial Chiado, Portugal, 500 ejemplares, mayo del 2017. Editorial Chiado una editorial que ha publicado mas de 200 libros por año, que está presente en EEUU como en Alemania, España, Portugal, Reino Unido, en Angola, Irlanda, Francia. Y en América Latina en Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, México y Ecuador entre otros. Chiado no es una editorial menor, y sus canales de distribución no están comprometidos con una determinada red de librerías, lo que le permite acceder a todas. Además, vende por internet que es un canal de distribución que cada vez se consolida mas en sectores juveniles como académicos. El catálogo de Chiado, es decir el listado de libros publicados, que es el curriculum de una editorial, se aproxima a las mil publicaciones y tiene diferentes líneas editoriales como “Chiado Comics” “Palabras sueltas, “Ecos de la Historia” etc. Esta es la editorial que publicó a Josefa Tello en la línea de “Viajes en la Ficción”.

“La Escasez del Chocolate” es una novela de 213 páginas que mezcla el género policial con el de la ciencia ficción. Es indudablemente una novela juvenil, con algunas referencias que mi generación no alcanza a identificar, con algunos giros idiomáticos que son propios del comic, y con personajes perfilados mas en su acción y aspecto, que en la descripción de sus características sicológicas. 

Pero vamos por partes… hay en la escritora, digo en Josefina Tello una habilidad destacable que consiste en no complejizar, en no enmarañar lo que no necesita de tal, ella se nos muestra espontánea, sencilla, clara y hábilmente transforma lo que la limita, es decir su edad, su carácter novel, en una fortaleza, ello le permite sobrellevar lo que en oportunidades son problemas serios para un escritor, con una simpleza, que el lector le agradece y que realzan la obra, un ejemplo de ello es la estructuración de la novela en 27 capítulos, si, muchos, pero capítulos cortos, algunos de incluso una página y sin nombre. Oficio de escritor novel, seguro de sí. Un capítulo corto es mas controlable que uno largo obviamente. Controlable en su redacción, en su contenido, como en su corrección.

Otra habilidad de Josefa Tello es el manejo del diálogo, aprendió a usar el diálogo y eso que sabía, lo utilizó, lo utilizó sin recato. Creo que no se puede ser un escritor joven hoy si no se domina la redacción del diálogo. Pero esta frescura de literatura “sin complicaciones”, sin complicaciones de influencias, de estilos, de una “academia” que muchas veces mata al escritor, hacen que el texto de esta novela sea rápido, ágil en su acción interna como en su lectura. Esta frescura del uso del idioma ella lo logra permitiéndose expresiones propias de otros géneros menores un: “Wow, genial” pag 62, o bien cuando su perro se accidenta escribe: ¡!! GUAU, ARGH, WOOF  ¡!! pag 50; o bien “Sepe, no es genial ¡?!! Texteó Cler” pag 202. Usos de términos como: “texteo” , “contrincante holográfica”, o de cines en “6D” o “3D” o “lazers  azules” pag 175 , extranet, todos términos que yo, como Profesor de Estado en Castellano, debería de traducir a la norma de la Real Academia Española de la Lengua y de censurar, y “corregir”, porque ellos todos están fuera de norma y debiera de decirle, como decimos: “mira Josefa Tello debes primero manejar la norma, luego destrúyela”. Sin embargo, ella ha escrito sin complejos, conoce la norma, ejemplo de ello son usos correctos de términos como: “Alicaída”, “abrumador” o “figurilla de ángeles” que demuestran un amplio y rico vocabulario. Además, en la novela no hay reiteración de palabras, ni de conceptos, ni cacofonías obvias, ni lugares comunes tan difíciles a veces de controlar (hay por supuesto, “lugares comunes” pero usados, administrados, de tal forma que enriquecen el texto o la acción).

Sí, Tello Alfaro demuestra un oficio de escritor novel que es ejemplar y este es quizás su mayor valía, este hacer por sobre la norma, por sobre la historia y la teoría literaria, a veces resulta, y Josefa Tello es un ejemplo, se necesita mucho esfuerzo, mucha corrección (tuvo un buen corrector de estilo Josefa) y mucho convencimiento, y fe en sí misma, todos ellos méritos que hoy se ven premiados con esta publicación.

Pero decía la frescura del texto es un valor de este libro. Hay otros, como la elección del punto de hablada, de donde o quien contará los hechos, y encontramos una novela en primera persona, que en momentos salta a un narrador testigo, no omnisciente, es decir salta de ella, Sabrina a un narrador que, distante, sin participar, observa las acciones y las cuenta, un narrador que deja que el padre hable como padre, el profesor como profesor y ellos los jóvenes como lo hacen entre ellos. O, cuando es en primera persona, es ella quien habla en su idioma que le es natural y apropiado. No hay introspección filosófica, ni frases grandilocuentes, ni reflexiones conmovedoras, (a las que nuestra generación está tan acostumbrada a encontrar en una novela) pero, y no por ello, es menos novela, ni es menos entretenida, ni menos trascendente. Decía que estas (digo un lenguaje sencillo, una estructura similar) son decisiones tomadas por Josefa Tello, porque demuestra por momentos conocer el paradigma lingüístico cuando selecciona palabras que no son de uso diario, ya daba antes ejemplos, y respecto a el epígrafe, “tus sueños están a grafito, y depende de ti asarlos a tinta” me parece simplemente una frase memorable. Es decir, quisiera convencerles que la sencillez es una elección de Josefa Tello que oculta tras ella una profunda reflexión. A los 15 años se vive, eso parece decir un texto de estas características, y lo dice de manera magistral. La reflexión vendrá después…

En resumen, hasta acá, creo que la frescura, la coherencia (que en el fondo es la transparencia) y el esfuerzo (son 213 páginas, corregidas y re-corregidas) son las principales características de esta obra.

Quedan algunos detalles a los que me gustaría referirme, por ejemplo las referencias cruzadas; toda literatura las tiene, y debo reconocer que no las encuentro, sé que están ( ese nombre: Jeremías me da vueltas, los bailes, el que ella se llame Sabrina) pero referencias cruzadas que son generacionales, como mis referencias son un Che Guevara, un Tito, un Garrincha, la perra Laika, o Tribilin, las de ellos, los jóvenes, lo debo reconocer, no las encuentro… pero sé que están… porque encuentro otras, que ya nombraré.

Otro detalle son los dibujos que están pegoteados, son tal como aparecen en el libro, un adjunto que no corresponde al género clásico de la novela, que personalmente no me gustan, pero que entiendo en este género juvenil tienen un valor (lo icónico o el comic es la literatura natural, propia de quienes tienen hoy menos de 30 años).

También me llamó la atención la cantidad de colores a los que se hace constantemente referencia, desde el tono de los ojos de Sabrina, hasta párrafos que se definen enteros en el color. Un lector mas avezado seguro podrá encontrar un sentido a esta característica de su literatura.

Pero, por ultimo permítanme una interpretación de esta novela, o lo que un adulto con algo de experiencia en leer ve en ella. En este marco primero me detengo en el título, la escasez, falta, carencia, insuficiencia de chocolate (chocolate, palabra sin etimología pues es un americanismo, y los conquistadores aniquilaron a su familia) y asocio el chocolate con la felicidad, una asociación que no es personal ni arbitraria, ni antojadiza, escribo “chocolate” “felicidad” en internet y aparecen 660 mil referencias del tipo “comer chocolate produce un sentimiento similar al de estar enamorado”,  “sexo y chocolate la química de la felicidad” o “el chocolate contiene endorfinas” que al consumirlo producen alegría felicidad, amor” o “chocolate la droga del amor”, la novela de Josefina Tello trata en consecuencia, y según su título, de la escasez de amor, de felicidad. Es una novela juvenil, valioso testimonio lingüístico, ya lo decía, evidencia de referencias culturales, pero junto a ello también una manifestación de cómo ven el mundo que les estamos dejando. El mundo que les heredamos, tan escaso de amor, tan escaso de felicidad que la lleva a escribir una novela que una editorial (que estudia y en consecuencia conoce de gustos y demandas sociales) cree que es un tema vigente, sensible, “que tiene un mercado” diría quizás su gerente comercial.

Hay escasez de amor, de felicidad dice el texto y ya no la autora Tello Alfaro, sino su narrador implícito, ese alter ego del escritor, ese que deja escapar el inconsciente del escritor, el que le selecciona las palabras, el que le hace fijar en un acto instintivo la mirada en uno y no en otro color, frase o gesto de los personajes que crea. Ese narrador implícito, que decía es el alter ego del escritor, es el interlocutor de un lector también implícito, un lector joven que entiende de esas señas, de esos matices. Fue ese narrador implícito (una mezcla de inspiración y raciocinio, de instinto y lógica) el que tituló la novela, pero mas, determinó el argumento, el motivo de la novela (porque, estaremos de acuerdo en que no fue un estudio sociológico, ni una encuesta de opinión la que llevó a Josefina a escribir una novela con este argumento), no, fue este señor al que Jara y Moreno llamaron hace años atrás “el narrador implícito”, el fue el que “puso” en circuito las neuronas que generaron esta conexión (algunos otros hablan de “el duende”, o de “la musa”). Pero sea como se llame, el que la hizo “inventar” este virus que genera una “deficiencia perceptiva externa”, y que hace que las personas no mueren pero deambulen en los parques balbuceando palabras entrecortadas, semiconscientes, y que se curan inyectándoles chocolate. Una nueva versión de estos seres que viven en este limbo, una nueva versión de un miedo ancestral. El miedo es personal y social, personal no puedo hablar no es mi tema, del social puedo hablar en referencia a la literatura. El miedo social lo reconocemos en la literatura desde que Creonte nos dejò en aquella mansión del hades en donde Ulises encuentra a los muertos, para los griegos la muerte es la falta de la pasión, Ulises encuentra allí a todos sus héroes y demás griegos, están todos como en sombras blancas, están igual a como Ulises los había conocido, pero han perdido el pathos, es decir la pasión. Luego estuvo el miedo al bárbaro y al abandono de dios después, a herejes y el desprecio al converso, y miles de muertos en la hoguera dan prueba de este miedo. Hoy en plena civilización del raciocinio, de la enciclopedia y del iluminismo, existe el miedo a la irracionalidad del fantasma primero, (miedo inaugurado por la literatura inglesa), y a los zombis después, primer aporte nuestro, latinoamericano, a la literatura mundial, aporte originalmente haitiano específicamente relacionado con el vudú (puro sincretismo, africano, europeo y americano). Este es el miedo social, digamos, compartido, hoy, el miedo al muerto vivo, en un breve y torpe quizás resumen del miedo en la literatura. Pero volvamos al tema.

Francisca Tello convive durante el periodo en que escribe su novela con este narrador implícito, este alter ego que ya mencionábamos, que pone título a su novela y que entrega primero su motivo y argumento, el título ya lo comentamos (la escasez del chocolate, es decir, del amor), el argumento ustedes ya lo sospechan: como nos convertimos o como cualesquiera de nosotros está expuesto a un ser irracional, sin sentimientos, sin solidaridad, porque un muerto vivo es eso, un cuerpo sin racionalidad, sin emociones ni solidaridad. Un esclavo que no posee voluntad (de ahí el mito originario del vudú) en ese Haití de antaño, una mano de obra mas que esclavizada. Porque el esclavo se alza, el cimarrón, el rebelde, y se organiza, se crean sindicatos que en su esencia es solidaridad. El zombi es un esclavo, pero sin voluntad, sin la pasión (de los griegos), en mi opinión, ese es el miedo de ese alter ego de Josefina en este libro. 

Yo como lector adulto, y como trabajo en esto se podría decir, veo en el libro no solo un entretenido libro juvenil, lleno de referencias, muy bien narrado, sino también como adulto, mas gravoso y pusilánime quizás ya a casi mis 60 años, veo en él un testimonio de una juventud que esta preocupada por este mundo que les dejamos. A ellos solo puedo decir, hicimos lo que pudimos miles de josefinas, unos mas, otros menos, uno a este lado y unos al otro, pero también tuvimos esos miedos, también soñamos y también estamos comprometidos, en consecuencia a darte, a darles nuestro apoyo, y discúlpenme pero eses síndrome deficiencia perceptiva externa que mencionas existe. Hace poco tiempo atrás leía a otro joven de tu edad contarnos un cuento breve que em gustaría recordar, y dice asi: “hace miles de años existió una civilización increíble llamada chinchorro, mas antigua que el mismo Egipto, hoy el mismo lugar que habitaban ellos está habitado por seres, que lo único que hacen, es sentarse frente a un televisor, cual momias después de la muerte”

No estás sola Josefina Tello Alfaro, quienes amamos leer, quienes disfrutamos un libro leeremos el tuyo con gusto, con orgullo que seas una ariqueña, pero sobre todo con la esperanza y placer de ver nacer una gran escritora en nuestra tierra.

Muchas Gracias.

RAPM, Arica, Junio 2017

Se puede reproducir citando la fuente. Imagen de Tebaida-Chilepoesía.

JOSEFA TELLO ALFARO, Arica, 2001, Autora de una novela, actualmente estudia en Santiago Bibliotecología. Gran lectora con un marcado gusto por la ciencia ficción escribe a los 14 años “La Escasez del Chocolate” con éxito en nuestra región.

“LA ESCASEZ DEL CHOCOLATE”, Josefa Tello Alfaro, Editorial Chiado, Portugal, 500 ejemplares, mayo del 2017. Editorial Chiado una editorial que ha publicado mas de 200 libros por año, que está presente en EEUU como en Alemania, España, Portugal, Reino Unido, en Angola, Irlanda, Francia. Y en América Latina en Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, México y Ecuador entre otros. Chiado no es una editorial menor, y sus canales de distribución no están comprometidos con una determinada red de librerías, lo que le permite acceder a todas. Además, vende por internet que es un canal de distribución que cada vez se consolida mas en sectores juveniles como académicos. El catálogo de Chiado, es decir el listado de libros publicados, que es el curriculum de una editorial, se aproxima a las mil publicaciones y tiene diferentes líneas editoriales como “Chiado Comics” “Palabras sueltas, “Ecos de la Historia” etc. Esta es la editorial que publicó a Josefa Tello en la línea de “Viajes en la Ficción”.

“La Escasez del Chocolate” es una novela de 213 páginas que mezcla el género policial con el de la ciencia ficción. Es indudablemente una novela juvenil, con algunas referencias que mi generación no alcanza a identificar, con algunos giros idiomáticos que son propios del comic, y con personajes perfilados mas en su acción y aspecto, que en la descripción de sus características sicológicas. 

Pero vamos por partes… hay en la escritora, digo en Josefina Tello una habilidad destacable que consiste en no complejizar, en no enmarañar lo que no necesita de tal, ella se nos muestra espontánea, sencilla, clara y hábilmente transforma lo que la limita, es decir su edad, su carácter novel, en una fortaleza, ello le permite sobrellevar lo que en oportunidades son problemas serios para un escritor, con una simpleza, que el lector le agradece y que realzan la obra, un ejemplo de ello es la estructuración de la novela en 27 capítulos, si, muchos, pero capítulos cortos, algunos de incluso una página y sin nombre. Oficio de escritor novel, seguro de sí. Un capítulo corto es mas controlable que uno largo obviamente. Controlable en su redacción, en su contenido, como en su corrección.

Otra habilidad de Josefa Tello es el manejo del diálogo, aprendió a usar el diálogo y eso que sabía, lo utilizó, lo utilizó sin recato. Creo que no se puede ser un escritor joven hoy si no se domina la redacción del diálogo. Pero esta frescura de literatura “sin complicaciones”, sin complicaciones de influencias, de estilos, de una “academia” que muchas veces mata al escritor, hacen que el texto de esta novela sea rápido, ágil en su acción interna como en su lectura. Esta frescura del uso del idioma ella lo logra permitiéndose expresiones propias de otros géneros menores un: “Wow, genial” pag 62, o bien cuando su perro se accidenta escribe: ¡!! GUAU, ARGH, WOOF  ¡!! pag 50; o bien “Sepe, no es genial ¡?!! Texteó Cler” pag 202. Usos de términos como: “texteo” , “contrincante holográfica”, o de cines en “6D” o “3D” o “lazers  azules” pag 175 , extranet, todos términos que yo, como Profesor de Estado en Castellano, debería de traducir a la norma de la Real Academia Española de la Lengua y de censurar, y “corregir”, porque ellos todos están fuera de norma y debiera de decirle, como decimos: “mira Josefa Tello debes primero manejar la norma, luego destrúyela”. Sin embargo, ella ha escrito sin complejos, conoce la norma, ejemplo de ello son usos correctos de términos como: “Alicaída”, “abrumador” o “figurilla de ángeles” que demuestran un amplio y rico vocabulario. Además, en la novela no hay reiteración de palabras, ni de conceptos, ni cacofonías obvias, ni lugares comunes tan difíciles a veces de controlar (hay por supuesto, “lugares comunes” pero usados, administrados, de tal forma que enriquecen el texto o la acción).

Sí, Tello Alfaro demuestra un oficio de escritor novel que es ejemplar y este es quizás su mayor valía, este hacer por sobre la norma, por sobre la historia y la teoría literaria, a veces resulta, y Josefa Tello es un ejemplo, se necesita mucho esfuerzo, mucha corrección (tuvo un buen corrector de estilo Josefa) y mucho convencimiento, y fe en sí misma, todos ellos méritos que hoy se ven premiados con esta publicación.

Pero decía la frescura del texto es un valor de este libro. Hay otros, como la elección del punto de hablada, de donde o quien contará los hechos, y encontramos una novela en primera persona, que en momentos salta a un narrador testigo, no omnisciente, es decir salta de ella, Sabrina a un narrador que, distante, sin participar, observa las acciones y las cuenta, un narrador que deja que el padre hable como padre, el profesor como profesor y ellos los jóvenes como lo hacen entre ellos. O, cuando es en primera persona, es ella quien habla en su idioma que le es natural y apropiado. No hay introspección filosófica, ni frases grandilocuentes, ni reflexiones conmovedoras, (a las que nuestra generación está tan acostumbrada a encontrar en una novela) pero, y no por ello, es menos novela, ni es menos entretenida, ni menos trascendente. Decía que estas (digo un lenguaje sencillo, una estructura similar) son decisiones tomadas por Josefa Tello, porque demuestra por momentos conocer el paradigma lingüístico cuando selecciona palabras que no son de uso diario, ya daba antes ejemplos, y respecto a el epígrafe, “tus sueños están a grafito, y depende de ti asarlos a tinta” me parece simplemente una frase memorable. Es decir, quisiera convencerles que la sencillez es una elección de Josefa Tello que oculta tras ella una profunda reflexión. A los 15 años se vive, eso parece decir un texto de estas características, y lo dice de manera magistral. La reflexión vendrá después…

En resumen, hasta acá, creo que la frescura, la coherencia (que en el fondo es la transparencia) y el esfuerzo (son 213 páginas, corregidas y re-corregidas) son las principales características de esta obra.

Quedan algunos detalles a los que me gustaría referirme, por ejemplo las referencias cruzadas; toda literatura las tiene, y debo reconocer que no las encuentro, sé que están ( ese nombre: Jeremías me da vueltas, los bailes, el que ella se llame Sabrina) pero referencias cruzadas que son generacionales, como mis referencias son un Che Guevara, un Tito, un Garrincha, la perra Laika, o Tribilin, las de ellos, los jóvenes, lo debo reconocer, no las encuentro… pero sé que están… porque encuentro otras, que ya nombraré.

Otro detalle son los dibujos que están pegoteados, son tal como aparecen en el libro, un adjunto que no corresponde al género clásico de la novela, que personalmente no me gustan, pero que entiendo en este género juvenil tienen un valor (lo icónico o el comic es la literatura natural, propia de quienes tienen hoy menos de 30 años).

También me llamó la atención la cantidad de colores a los que se hace constantemente referencia, desde el tono de los ojos de Sabrina, hasta párrafos que se definen enteros en el color. Un lector mas avezado seguro podrá encontrar un sentido a esta característica de su literatura.

Pero, por ultimo permítanme una interpretación de esta novela, o lo que un adulto con algo de experiencia en leer ve en ella. En este marco primero me detengo en el título, la escasez, falta, carencia, insuficiencia de chocolate (chocolate, palabra sin etimología pues es un americanismo, y los conquistadores aniquilaron a su familia) y asocio el chocolate con la felicidad, una asociación que no es personal ni arbitraria, ni antojadiza, escribo “chocolate” “felicidad” en internet y aparecen 660 mil referencias del tipo “comer chocolate produce un sentimiento similar al de estar enamorado”,  “sexo y chocolate la química de la felicidad” o “el chocolate contiene endorfinas” que al consumirlo producen alegría felicidad, amor” o “chocolate la droga del amor”, la novela de Josefina Tello trata en consecuencia, y según su título, de la escasez de amor, de felicidad. Es una novela juvenil, valioso testimonio lingüístico, ya lo decía, evidencia de referencias culturales, pero junto a ello también una manifestación de cómo ven el mundo que les estamos dejando. El mundo que les heredamos, tan escaso de amor, tan escaso de felicidad que la lleva a escribir una novela que una editorial (que estudia y en consecuencia conoce de gustos y demandas sociales) cree que es un tema vigente, sensible, “que tiene un mercado” diría quizás su gerente comercial.

Hay escasez de amor, de felicidad dice el texto y ya no la autora Tello Alfaro, sino su narrador implícito, ese alter ego del escritor, ese que deja escapar el inconsciente del escritor, el que le selecciona las palabras, el que le hace fijar en un acto instintivo la mirada en uno y no en otro color, frase o gesto de los personajes que crea. Ese narrador implícito, que decía es el alter ego del escritor, es el interlocutor de un lector también implícito, un lector joven que entiende de esas señas, de esos matices. Fue ese narrador implícito (una mezcla de inspiración y raciocinio, de instinto y lógica) el que tituló la novela, pero mas, determinó el argumento, el motivo de la novela (porque, estaremos de acuerdo en que no fue un estudio sociológico, ni una encuesta de opinión la que llevó a Josefina a escribir una novela con este argumento), no, fue este señor al que Jara y Moreno llamaron hace años atrás “el narrador implícito”, el fue el que “puso” en circuito las neuronas que generaron esta conexión (algunos otros hablan de “el duende”, o de “la musa”). Pero sea como se llame, el que la hizo “inventar” este virus que genera una “deficiencia perceptiva externa”, y que hace que las personas no mueren pero deambulen en los parques balbuceando palabras entrecortadas, semiconscientes, y que se curan inyectándoles chocolate. Una nueva versión de estos seres que viven en este limbo, una nueva versión de un miedo ancestral. El miedo es personal y social, personal no puedo hablar no es mi tema, del social puedo hablar en referencia a la literatura. El miedo social lo reconocemos en la literatura desde que Creonte nos dejò en aquella mansión del hades en donde Ulises encuentra a los muertos, para los griegos la muerte es la falta de la pasión, Ulises encuentra allí a todos sus héroes y demás griegos, están todos como en sombras blancas, están igual a como Ulises los había conocido, pero han perdido el pathos, es decir la pasión. Luego estuvo el miedo al bárbaro y al abandono de dios después, a herejes y el desprecio al converso, y miles de muertos en la hoguera dan prueba de este miedo. Hoy en plena civilización del raciocinio, de la enciclopedia y del iluminismo, existe el miedo a la irracionalidad del fantasma primero, (miedo inaugurado por la literatura inglesa), y a los zombis después, primer aporte nuestro, latinoamericano, a la literatura mundial, aporte originalmente haitiano específicamente relacionado con el vudú (puro sincretismo, africano, europeo y americano). Este es el miedo social, digamos, compartido, hoy, el miedo al muerto vivo, en un breve y torpe quizás resumen del miedo en la literatura. Pero volvamos al tema.

Francisca Tello convive durante el periodo en que escribe su novela con este narrador implícito, este alter ego que ya mencionábamos, que pone título a su novela y que entrega primero su motivo y argumento, el título ya lo comentamos (la escasez del chocolate, es decir, del amor), el argumento ustedes ya lo sospechan: como nos convertimos o como cualesquiera de nosotros está expuesto a un ser irracional, sin sentimientos, sin solidaridad, porque un muerto vivo es eso, un cuerpo sin racionalidad, sin emociones ni solidaridad. Un esclavo que no posee voluntad (de ahí el mito originario del vudú) en ese Haití de antaño, una mano de obra mas que esclavizada. Porque el esclavo se alza, el cimarrón, el rebelde, y se organiza, se crean sindicatos que en su esencia es solidaridad. El zombi es un esclavo, pero sin voluntad, sin la pasión (de los griegos), en mi opinión, ese es el miedo de ese alter ego de Josefina en este libro. 

Yo como lector adulto, y como trabajo en esto se podría decir, veo en el libro no solo un entretenido libro juvenil, lleno de referencias, muy bien narrado, sino también como adulto, mas gravoso y pusilánime quizás ya a casi mis 60 años, veo en él un testimonio de una juventud que esta preocupada por este mundo que les dejamos. A ellos solo puedo decir, hicimos lo que pudimos miles de josefinas, unos mas, otros menos, uno a este lado y unos al otro, pero también tuvimos esos miedos, también soñamos y también estamos comprometidos, en consecuencia a darte, a darles nuestro apoyo, y discúlpenme pero eses síndrome deficiencia perceptiva externa que mencionas existe. Hace poco tiempo atrás leía a otro joven de tu edad contarnos un cuento breve que em gustaría recordar, y dice asi: “hace miles de años existió una civilización increíble llamada chinchorro, mas antigua que el mismo Egipto, hoy el mismo lugar que habitaban ellos está habitado por seres, que lo único que hacen, es sentarse frente a un televisor, cual momias después de la muerte”

No estás sola Josefina Tello Alfaro, quienes amamos leer, quienes disfrutamos un libro leeremos el tuyo con gusto, con orgullo que seas una ariqueña, pero sobre todo con la esperanza y placer de ver nacer una gran escritora en nuestra tierra.

Muchas Gracias.

RAPM, Arica, Junio 2017

Se puede reproducir citando la fuente. Imagen de Tebaida-Chilepoesía.

JOSEFA TELLO ALFARO, Arica, 2001, Autora de una novela, actualmente estudia en Santiago Bibliotecología. Gran lectora con un marcado gusto por la ciencia ficción escribe a los 14 años “La Escasez del Chocolate” con éxito en nuestra región.

“LA ESCASEZ DEL CHOCOLATE”, Josefa Tello Alfaro, Editorial Chiado, Portugal, 500 ejemplares, mayo del 2017. Editorial Chiado una editorial que ha publicado mas de 200 libros por año, que está presente en EEUU como en Alemania, España, Portugal, Reino Unido, en Angola, Irlanda, Francia. Y en América Latina en Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, México y Ecuador entre otros. Chiado no es una editorial menor, y sus canales de distribución no están comprometidos con una determinada red de librerías, lo que le permite acceder a todas. Además, vende por internet que es un canal de distribución que cada vez se consolida mas en sectores juveniles como académicos. El catálogo de Chiado, es decir el listado de libros publicados, que es el curriculum de una editorial, se aproxima a las mil publicaciones y tiene diferentes líneas editoriales como “Chiado Comics” “Palabras sueltas, “Ecos de la Historia” etc. Esta es la editorial que publicó a Josefa Tello en la línea de “Viajes en la Ficción”.

“La Escasez del Chocolate” es una novela de 213 páginas que mezcla el género policial con el de la ciencia ficción. Es indudablemente una novela juvenil, con algunas referencias que mi generación no alcanza a identificar, con algunos giros idiomáticos que son propios del comic, y con personajes perfilados mas en su acción y aspecto, que en la descripción de sus características sicológicas. 

Pero vamos por partes… hay en la escritora, digo en Josefina Tello una habilidad destacable que consiste en no complejizar, en no enmarañar lo que no necesita de tal, ella se nos muestra espontánea, sencilla, clara y hábilmente transforma lo que la limita, es decir su edad, su carácter novel, en una fortaleza, ello le permite sobrellevar lo que en oportunidades son problemas serios para un escritor, con una simpleza, que el lector le agradece y que realzan la obra, un ejemplo de ello es la estructuración de la novela en 27 capítulos, si, muchos, pero capítulos cortos, algunos de incluso una página y sin nombre. Oficio de escritor novel, seguro de sí. Un capítulo corto es mas controlable que uno largo obviamente. Controlable en su redacción, en su contenido, como en su corrección.

Otra habilidad de Josefa Tello es el manejo del diálogo, aprendió a usar el diálogo y eso que sabía, lo utilizó, lo utilizó sin recato. Creo que no se puede ser un escritor joven hoy si no se domina la redacción del diálogo. Pero esta frescura de literatura “sin complicaciones”, sin complicaciones de influencias, de estilos, de una “academia” que muchas veces mata al escritor, hacen que el texto de esta novela sea rápido, ágil en su acción interna como en su lectura. Esta frescura del uso del idioma ella lo logra permitiéndose expresiones propias de otros géneros menores un: “Wow, genial” pag 62, o bien cuando su perro se accidenta escribe: ¡!! GUAU, ARGH, WOOF  ¡!! pag 50; o bien “Sepe, no es genial ¡?!! Texteó Cler” pag 202. Usos de términos como: “texteo” , “contrincante holográfica”, o de cines en “6D” o “3D” o “lazers  azules” pag 175 , extranet, todos términos que yo, como Profesor de Estado en Castellano, debería de traducir a la norma de la Real Academia Española de la Lengua y de censurar, y “corregir”, porque ellos todos están fuera de norma y debiera de decirle, como decimos: “mira Josefa Tello debes primero manejar la norma, luego destrúyela”. Sin embargo, ella ha escrito sin complejos, conoce la norma, ejemplo de ello son usos correctos de términos como: “Alicaída”, “abrumador” o “figurilla de ángeles” que demuestran un amplio y rico vocabulario. Además, en la novela no hay reiteración de palabras, ni de conceptos, ni cacofonías obvias, ni lugares comunes tan difíciles a veces de controlar (hay por supuesto, “lugares comunes” pero usados, administrados, de tal forma que enriquecen el texto o la acción).

Sí, Tello Alfaro demuestra un oficio de escritor novel que es ejemplar y este es quizás su mayor valía, este hacer por sobre la norma, por sobre la historia y la teoría literaria, a veces resulta, y Josefa Tello es un ejemplo, se necesita mucho esfuerzo, mucha corrección (tuvo un buen corrector de estilo Josefa) y mucho convencimiento, y fe en sí misma, todos ellos méritos que hoy se ven premiados con esta publicación.

Pero decía la frescura del texto es un valor de este libro. Hay otros, como la elección del punto de hablada, de donde o quien contará los hechos, y encontramos una novela en primera persona, que en momentos salta a un narrador testigo, no omnisciente, es decir salta de ella, Sabrina a un narrador que, distante, sin participar, observa las acciones y las cuenta, un narrador que deja que el padre hable como padre, el profesor como profesor y ellos los jóvenes como lo hacen entre ellos. O, cuando es en primera persona, es ella quien habla en su idioma que le es natural y apropiado. No hay introspección filosófica, ni frases grandilocuentes, ni reflexiones conmovedoras, (a las que nuestra generación está tan acostumbrada a encontrar en una novela) pero, y no por ello, es menos novela, ni es menos entretenida, ni menos trascendente. Decía que estas (digo un lenguaje sencillo, una estructura similar) son decisiones tomadas por Josefa Tello, porque demuestra por momentos conocer el paradigma lingüístico cuando selecciona palabras que no son de uso diario, ya daba antes ejemplos, y respecto a el epígrafe, “tus sueños están a grafito, y depende de ti asarlos a tinta” me parece simplemente una frase memorable. Es decir, quisiera convencerles que la sencillez es una elección de Josefa Tello que oculta tras ella una profunda reflexión. A los 15 años se vive, eso parece decir un texto de estas características, y lo dice de manera magistral. La reflexión vendrá después…

En resumen, hasta acá, creo que la frescura, la coherencia (que en el fondo es la transparencia) y el esfuerzo (son 213 páginas, corregidas y re-corregidas) son las principales características de esta obra.

Quedan algunos detalles a los que me gustaría referirme, por ejemplo las referencias cruzadas; toda literatura las tiene, y debo reconocer que no las encuentro, sé que están ( ese nombre: Jeremías me da vueltas, los bailes, el que ella se llame Sabrina) pero referencias cruzadas que son generacionales, como mis referencias son un Che Guevara, un Tito, un Garrincha, la perra Laika, o Tribilin, las de ellos, los jóvenes, lo debo reconocer, no las encuentro… pero sé que están… porque encuentro otras, que ya nombraré.

Otro detalle son los dibujos que están pegoteados, son tal como aparecen en el libro, un adjunto que no corresponde al género clásico de la novela, que personalmente no me gustan, pero que entiendo en este género juvenil tienen un valor (lo icónico o el comic es la literatura natural, propia de quienes tienen hoy menos de 30 años).

También me llamó la atención la cantidad de colores a los que se hace constantemente referencia, desde el tono de los ojos de Sabrina, hasta párrafos que se definen enteros en el color. Un lector mas avezado seguro podrá encontrar un sentido a esta característica de su literatura.

Pero, por ultimo permítanme una interpretación de esta novela, o lo que un adulto con algo de experiencia en leer ve en ella. En este marco primero me detengo en el título, la escasez, falta, carencia, insuficiencia de chocolate (chocolate, palabra sin etimología pues es un americanismo, y los conquistadores aniquilaron a su familia) y asocio el chocolate con la felicidad, una asociación que no es personal ni arbitraria, ni antojadiza, escribo “chocolate” “felicidad” en internet y aparecen 660 mil referencias del tipo “comer chocolate produce un sentimiento similar al de estar enamorado”,  “sexo y chocolate la química de la felicidad” o “el chocolate contiene endorfinas” que al consumirlo producen alegría felicidad, amor” o “chocolate la droga del amor”, la novela de Josefina Tello trata en consecuencia, y según su título, de la escasez de amor, de felicidad. Es una novela juvenil, valioso testimonio lingüístico, ya lo decía, evidencia de referencias culturales, pero junto a ello también una manifestación de cómo ven el mundo que les estamos dejando. El mundo que les heredamos, tan escaso de amor, tan escaso de felicidad que la lleva a escribir una novela que una editorial (que estudia y en consecuencia conoce de gustos y demandas sociales) cree que es un tema vigente, sensible, “que tiene un mercado” diría quizás su gerente comercial.

Hay escasez de amor, de felicidad dice el texto y ya no la autora Tello Alfaro, sino su narrador implícito, ese alter ego del escritor, ese que deja escapar el inconsciente del escritor, el que le selecciona las palabras, el que le hace fijar en un acto instintivo la mirada en uno y no en otro color, frase o gesto de los personajes que crea. Ese narrador implícito, que decía es el alter ego del escritor, es el interlocutor de un lector también implícito, un lector joven que entiende de esas señas, de esos matices. Fue ese narrador implícito (una mezcla de inspiración y raciocinio, de instinto y lógica) el que tituló la novela, pero mas, determinó el argumento, el motivo de la novela (porque, estaremos de acuerdo en que no fue un estudio sociológico, ni una encuesta de opinión la que llevó a Josefina a escribir una novela con este argumento), no, fue este señor al que Jara y Moreno llamaron hace años atrás “el narrador implícito”, el fue el que “puso” en circuito las neuronas que generaron esta conexión (algunos otros hablan de “el duende”, o de “la musa”). Pero sea como se llame, el que la hizo “inventar” este virus que genera una “deficiencia perceptiva externa”, y que hace que las personas no mueren pero deambulen en los parques balbuceando palabras entrecortadas, semiconscientes, y que se curan inyectándoles chocolate. Una nueva versión de estos seres que viven en este limbo, una nueva versión de un miedo ancestral. El miedo es personal y social, personal no puedo hablar no es mi tema, del social puedo hablar en referencia a la literatura. El miedo social lo reconocemos en la literatura desde que Creonte nos dejò en aquella mansión del hades en donde Ulises encuentra a los muertos, para los griegos la muerte es la falta de la pasión, Ulises encuentra allí a todos sus héroes y demás griegos, están todos como en sombras blancas, están igual a como Ulises los había conocido, pero han perdido el pathos, es decir la pasión. Luego estuvo el miedo al bárbaro y al abandono de dios después, a herejes y el desprecio al converso, y miles de muertos en la hoguera dan prueba de este miedo. Hoy en plena civilización del raciocinio, de la enciclopedia y del iluminismo, existe el miedo a la irracionalidad del fantasma primero, (miedo inaugurado por la literatura inglesa), y a los zombis después, primer aporte nuestro, latinoamericano, a la literatura mundial, aporte originalmente haitiano específicamente relacionado con el vudú (puro sincretismo, africano, europeo y americano). Este es el miedo social, digamos, compartido, hoy, el miedo al muerto vivo, en un breve y torpe quizás resumen del miedo en la literatura. Pero volvamos al tema.

Francisca Tello convive durante el periodo en que escribe su novela con este narrador implícito, este alter ego que ya mencionábamos, que pone título a su novela y que entrega primero su motivo y argumento, el título ya lo comentamos (la escasez del chocolate, es decir, del amor), el argumento ustedes ya lo sospechan: como nos convertimos o como cualesquiera de nosotros está expuesto a un ser irracional, sin sentimientos, sin solidaridad, porque un muerto vivo es eso, un cuerpo sin racionalidad, sin emociones ni solidaridad. Un esclavo que no posee voluntad (de ahí el mito originario del vudú) en ese Haití de antaño, una mano de obra mas que esclavizada. Porque el esclavo se alza, el cimarrón, el rebelde, y se organiza, se crean sindicatos que en su esencia es solidaridad. El zombi es un esclavo, pero sin voluntad, sin la pasión (de los griegos), en mi opinión, ese es el miedo de ese alter ego de Josefina en este libro. 

Yo como lector adulto, y como trabajo en esto se podría decir, veo en el libro no solo un entretenido libro juvenil, lleno de referencias, muy bien narrado, sino también como adulto, mas gravoso y pusilánime quizás ya a casi mis 60 años, veo en él un testimonio de una juventud que esta preocupada por este mundo que les dejamos. A ellos solo puedo decir, hicimos lo que pudimos miles de josefinas, unos mas, otros menos, uno a este lado y unos al otro, pero también tuvimos esos miedos, también soñamos y también estamos comprometidos, en consecuencia a darte, a darles nuestro apoyo, y discúlpenme pero eses síndrome deficiencia perceptiva externa que mencionas existe. Hace poco tiempo atrás leía a otro joven de tu edad contarnos un cuento breve que em gustaría recordar, y dice asi: “hace miles de años existió una civilización increíble llamada chinchorro, mas antigua que el mismo Egipto, hoy el mismo lugar que habitaban ellos está habitado por seres, que lo único que hacen, es sentarse frente a un televisor, cual momias después de la muerte”

No estás sola Josefina Tello Alfaro, quienes amamos leer, quienes disfrutamos un libro leeremos el tuyo con gusto, con orgullo que seas una ariqueña, pero sobre todo con la esperanza y placer de ver nacer una gran escritora en nuestra tierra.

Muchas Gracias.

RAPM, Arica, Junio 2017

Se puede reproducir citando la fuente. Imagen de Tebaida-Chilepoesía.